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Un montón de escritura para nada

Un montón de escritura para nada

Sara Uribe

Después de Antígona González, un poemario que marcó un punto de inflexión importante en nuestras letras, la poeta presenta ahora Un montón de escritura para nada (Dharma Books, 2019): un libro desconcertante que desmitifica de una vez por todas y de tajo la figura del poeta, como vate inspirado y empoderado, y lo muestra como un trabajador más en la cadena, cercado por un sistema literario opresivo y altamente masculino.

La azotea

Fernanda Trías

El lector se encuentra con la vida de Clara, una mujer que se atrinchera en su casa con su padre, un pájaro y su pequeña hija llamada Flor. Está convencida de que el mundo exterior es una amenaza para su familia y ella debe protegerlos. Trías nos envuelve en una constante atmósfera de angustia y miedo a la invasión.

La azotea
Delta de sol

Delta de sol

Lucía María

El libro es una apropiación por parte de la autora del poema Piedra de sol de Octavio Paz. En este sentido, Lucía María trata de seguir una línea ya planteada, pero agregándole su propia esencia desde una voz y cuerpo de mujer. Asimismo, Lucía busca expandir la poesía hasta volverla accesible a todos y todas y reconocer nuestras posibilidades como seres humanos, pues el cuestionamiento sobre la propia existencia es una base para el desarrollo del poema.

Mínimas Despedidas

Lorea Canales

La escritura de Lorea Canales tiene una voz peculiar: como hecha sobre las rodillas, fingidamente descuidada, pero pletórica de sustancia, sin adornos ni alardes. Es como si en cada historia se se colocara en el centro de una nebulosa y no tuviera tiempo de abarcar toda la extensión, dejando en el lector la sensación agridulce de haber atrapado sólo una mínima parte de algo más vasto.

Mínimas Despedidas
Llegada la hora

Llegada la hora

Karla Zárate

“Hay algo siniestro en cocinar para los condenados a muerte”, confiesa John Guadalupe Ontuno, protagonista de esta novela donde la pena capital, la sazón, el erotismo y el crimen celebran un maridaje tan oerturbador como apetecible. Instalado en los fogones de la prisión de Polunsky, en Texas –capital mundial de ese ojo por ojo disfrazado de justicia que son las ejecuciones–, Ontuno se adentra en el inframundo carcelario como un observador privilegiado de la condición humana –o inhuamana, según se vea.